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EL BESO El champagne de la tarde sedativa embriagó la montaña y el abismo, de una sedosidad de misticismo, y de una opalescencia compasiva.
Hundiste el puñal zarco de tu altiva mirada en mis adentros, y el lirismo cundió mi alma de romanticismo: rodó la gema de la estrofa viva.
Entonces gimió el cisne de mi ansia, por el remanso lleno de arrogancia de tus ojos nostálgicos y sabios;
y la dorada abeja del deseo, en su errante y sutil revoloteo buscó el clavel sangriento de tus labios. Luis Palés Matos, Poeta
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