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EL RELOJ Con una incontrastable isocronía canta el reloj las horas que transcurren, y cual gnomos, por su armazonería, como suspiros, rápidas, se escurren.
Quizá el tedio lo mata, y a porfía las dos agujas del reloj, se aburren, de estar marca que marca todo el día, arcano idioma que ellas no discurren.
Mirado desde lejos, tiene aspecto extraño y mitológico, de insecto que ye correr la vida, indiferente;
y el péndulo, una lengua centelleante, hiperbólicamente jadeante que se mofa del tiempo eternamente
Luis Palés Matos, Poeta
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